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Guía

Sequedad en la menopausia: dónde acaba lo que se compra sin receta

Casi toda la información disponible sobre este tema mete en el mismo saco tres cosas que funcionan de manera distinta: el lubricante, el hidratante vaginal y el tratamiento médico. De esa confusión sale la frase que más se repite en las consultas, "he probado de todo y nada me funciona", cuando lo que suele haber ocurrido es que se ha usado el nivel uno para un problema del nivel tres.

Antes de seguir leyendo. Cualquier sangrado después de la menopausia se valora siempre, aunque sea una sola vez y aunque parezca explicable por la sequedad. Lo mismo con el picor que despierta por la noche o con la piel de la vulva que se ve blanquecina o cambiada. Eso es consulta, no producto.

Qué está pasando en el tejido

Con la caída de estrógenos el epitelio vaginal se adelgaza y pierde parte del glucógeno que alimenta a los lactobacilos. Menos lactobacilos significa menos ácido láctico, y el pH sube desde el rango de 3,8 a 4,5 propio de la edad fértil hacia valores más altos. En paralelo disminuyen la vascularización, la elasticidad y la lubricación que aparece con la excitación.

El conjunto tiene nombre desde 2014, cuando la Sociedad Internacional para el Estudio de la Salud Sexual de la Mujer y la Sociedad Norteamericana de Menopausia acordaron llamarlo síndrome genitourinario de la menopausia. El nombre anterior, atrofia vulvovaginal, se cambió por dos razones: nombraba solo el tejido genital y dejaba fuera los síntomas urinarios, que forman parte del mismo cuadro, y era una palabra que muchas mujeres no querían pronunciar en voz alta.

El dato que casi nadie cuenta

Los sofocos tienden a atenuarse con los años. Esto no. Es la diferencia más importante entre los dos síntomas y la que explica por qué la estrategia de esperar a que pase no da resultado aquí. Si no se hace nada, lo habitual es que se mantenga o vaya a más.

Los tres niveles, y qué hace cada uno

Nivel 1. El lubricante

Actúa en el momento y solo mientras dura. Reduce la fricción durante la relación y ahí se acaba su función: no modifica el tejido ni el pH más allá del rato de la aplicación. Es la herramienta correcta cuando el problema es puntual, y es insuficiente por definición cuando la sequedad está también fuera del sexo, al andar, al sentarse o con la ropa.

Qué mirar al elegirlo está en la guía de osmolalidad y pH. Resumido en una línea: base agua con osmolalidad declarada por debajo de 380 mOsm/kg si la hay, o base silicona, que al no llevar agua se salta el problema entero.

Nivel 2. El hidratante vaginal

Es el nivel peor entendido de los tres, y el que más veces se abandona antes de tiempo. No se usa cuando hay relación: se usa con pauta fija, cada dos o tres días, haya o no actividad sexual. Su función es que el tejido retenga agua de forma sostenida, y por eso el efecto no se juzga por lo que pasa el primer día.

Aquí va el consejo más práctico de todo el artículo. Un hidratante necesita varias semanas de uso constante antes de poder decir si sirve o no. La mayoría de la gente lo prueba cuatro días, no nota nada, y concluye que no funciona. Si vas a probarlo, ponte una fecha en el calendario y no lo valores antes.

Segunda cosa que casi nadie dice: se aplica también fuera, en la vulva, no solo dentro. Buena parte del escozor al sentarse o al andar es vulvar, y el aplicador interno no llega ahí.

Nivel 3. El tratamiento médico

Cuando la causa es la caída de estrógenos, ni un lubricante ni un hidratante reponen esa hormona, y ninguno de los dos puede presentarse como si lo hiciera. Existen opciones de tratamiento con receta, la más habitual en esta situación es el estrógeno de aplicación local en dosis bajas, y también hay alternativas no estrogénicas. Cuál corresponde, en qué dosis y durante cuánto tiempo es una conversación con ginecología en la que esta tienda no pinta nada.

Dos matices que conviene llevar sabidos a esa conversación, porque son motivo frecuente de descarte prematuro por parte de la propia paciente. El primero es que el estrógeno vaginal en dosis bajas y el tratamiento hormonal sistémico no son lo mismo ni tienen el mismo perfil, y las guías de sociedades científicas los tratan por separado. El segundo es que la situación de una mujer con antecedente de cáncer de mama está contemplada de forma específica en las recomendaciones profesionales, así que es una pregunta que tiene respuesta y no un tema cerrado de antemano.

Qué se puede dejar de hacer, que también cuenta

Parte de la irritación no viene de la falta de estrógenos sino de encima:

  • Duchas vaginales. No hay motivo higiénico que las justifique y arrastran la flora que interesa conservar.
  • Jabón dentro. La vagina no se lava. La vulva, con agua o con un limpiador sin fragancia.
  • Fragancia en cualquier formato. Salvaslips perfumados, geles con aroma, toallitas. Es de las primeras causas de reacción y es evitable a coste cero.
  • Productos con efecto calor u hormigueo. Sobre una mucosa ya adelgazada es exactamente lo contrario de lo que hace falta.
  • Suspender la actividad sexual por completo. Dicho con cuidado, porque no es una obligación ni un deber: mantener actividad, sola o acompañada, se asocia a mejor conservación de la elasticidad. Si duele, no se fuerza, se consulta.

Cuándo dejar de comprar y pedir cita

Este es el apartado por el que existe esta guía. Ninguna de estas situaciones se resuelve eligiendo mejor producto:

  • Cualquier sangrado después de la menopausia. Aunque sea una vez, aunque sea mínimo, aunque parezca explicable por la sequedad. Se valora siempre, y en el sistema público existe una vía de derivación preferente precisamente para esto.
  • Sangrado después de la relación en cualquier etapa.
  • Picor persistente, sobre todo si despierta por la noche, o piel de la vulva que se ve blanquecina, brillante o con cambios en la forma de los labios o del capuchón. Hay procesos dermatológicos de la vulva que se parecen a la sequedad, tienen tratamiento propio con receta y necesitan seguimiento. Confundirlos con sequedad y tratarlos con hidratante durante meses es el retraso diagnóstico más habitual de esta categoría.
  • Escozor o quemazón mantenidos, con o sin relación sexual.
  • Dolor con la penetración que no cede aunque lubriques bien. Lo desarrollamos en la guía de dolor.
  • Síntomas urinarios: urgencia, escozor al orinar o infecciones de repetición. Forman parte del mismo cuadro y se valoran juntos.
  • Tres meses de hidratante bien usado sin ningún cambio. No es fracaso tuyo, es información clínica útil, y llevarla escrita a la consulta hace que la visita empiece mucho más adelante.

Fuentes

  1. Portman DJ, Gass MLS. Genitourinary syndrome of menopause: new terminology for vulvovaginal atrophy from the International Society for the Study of Women's Sexual Health and the North American Menopause Society. Menopause, 2014. El consenso que fijó el nombre actual.
  2. The North American Menopause Society. The 2020 genitourinary syndrome of menopause position statement. Menopause, 2020.
  3. American College of Obstetricians and Gynecologists. Treatment of Urogenital Symptoms in Individuals With a History of Estrogen-dependent Breast Cancer. Clinical Consensus, 2021. Es la referencia para la pregunta sobre antecedente de cáncer de mama.
  4. National Institute for Health and Care Excellence. NG23, Menopause: identification and management.
  5. National Institute for Health and Care Excellence. NG12, Suspected cancer: recognition and referral. Contiene el criterio de derivación por sangrado posmenopáusico.
  6. Organización Mundial de la Salud, UNFPA y FHI 360. Advisory note on the use and procurement of additional lubricants, 2012.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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