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Guía

Suelo pélvico después del parto: cuándo empezar y cómo saber si lo estás haciendo bien

La indicación que casi todo el mundo recibe al salir del hospital cabe en cuatro palabras: haz ejercicios de Kegel. Nadie explica cuántos, durante cuánto tiempo, ni cómo comprobar que se está contrayendo el músculo correcto. Y ese último punto es el que decide el resultado, porque una parte importante de las personas que creen estar entrenando el suelo pélvico están apretando glúteos, aductores y abdomen, o empujando hacia abajo, que es exactamente lo contrario.

Cuándo empezar

Con matices, antes de lo que la mayoría cree. Los ejercicios suaves de contracción suelen poder iniciarse en los primeros días tras un parto sin complicaciones, y las guías de atención postnatal contemplan el suelo pélvico dentro del seguimiento habitual. La revisión sistemática de referencia sobre entrenamiento del suelo pélvico durante el embarazo y el postparto respalda su papel tanto en prevención como en tratamiento de la incontinencia urinaria.

Hay tres situaciones en las que no se empieza por libre y se pregunta primero: desgarro de tercer o cuarto grado, cesárea o cualquier cirugía perineal, y dolor de cualquier tipo en la zona. En esos casos el momento y la forma los marca quien te sigue.

El error que lo estropea todo

Antes de contar cuántas repeticiones hacer hay que asegurar que se está contrayendo lo que hay que contraer. Cuatro comprobaciones que se pueden hacer hoy mismo:

  1. La mano en la barriga. Pon una mano sobre el abdomen bajo. Durante la contracción debe quedarse blanda. Si se endurece, estás metiendo abdomen.
  2. Los glúteos y los muslos, quietos. Si se aprietan, no es la contracción buscada. Con una mano en cada zona se comprueba en un segundo.
  3. La respiración, libre. Si aguantas el aire, no está bien. Se puede hablar en voz alta mientras se sostiene la contracción.
  4. Hacia dentro y arriba, nunca hacia abajo. Este es el error grave. Empujar hacia abajo, como en un pujo, es la maniobra contraria y con el tiempo puede empeorar la situación en lugar de mejorarla. La sensación correcta es de cierre y de ascenso.

Sobre el truco de cortar el pis para identificar el músculo: sirve una vez, como comprobación, y no debe convertirse en ejercicio habitual porque interfiere con el vaciado normal de la vejiga. Una vez identificado, se entrena fuera del baño.

Si después de estas comprobaciones sigues sin tener claro si lo estás haciendo bien, ese es exactamente el momento de una fisioterapeuta de suelo pélvico. Una sola sesión de valoración ahorra meses de entrenamiento mal dirigido, y un aparato con biofeedback informa de la presión pero no corrige la técnica: eso lo hace una persona.

La pauta, con fuente

La guía NG123 del NICE, sobre incontinencia urinaria y prolapso en mujeres, recomienda como primera línea en incontinencia de esfuerzo o mixta un programa supervisado de al menos tres meses, con un mínimo de ocho contracciones realizadas tres veces al día. Esas son las cifras y ese es el documento del que salen.

Dentro de ese marco se trabajan dos cualidades distintas, y quedarse solo con una es otro fallo frecuente:

  • Resistencia. Contracciones sostenidas, empezando por los segundos que se aguanten bien y subiendo poco a poco, con un descanso al menos igual de largo entre una y otra.
  • Fuerza rápida. Contracciones cortas y enérgicas. Son las que responden ante una tos, un estornudo o un salto, que es justamente el momento en el que ocurre el escape.

Y una tercera cosa que no es un ejercicio pero funciona: contraer antes de toser, estornudar o levantar peso. Es un gesto que se automatiza con las semanas y se nota antes que el resto.

Plazos realistas

Los tres meses del NICE no son un adorno burocrático. Es un músculo y responde como un músculo, así que los cambios se miden en meses. Si a las dos semanas no notas nada, no significa que no funcione: significa que llevas dos semanas.

Lo que sí conviene es medir. Anota una vez por semana algo concreto y observable, como cuántos escapes ha habido o si sigue ocurriendo al correr. Sin una referencia escrita, la mejora gradual pasa desapercibida y el programa se abandona justo antes de dar resultado.

Cuando más ejercicio empeora las cosas

Esta es la parte que la mayoría de contenidos sobre Kegel se salta, y es importante. El suelo pélvico también puede estar en exceso de tono. Cuando ese es el problema, sumar contracciones agrava el cuadro.

Señales que apuntan en esa dirección: dolor con la penetración, dolor al ponerse un tampón, sensación de tensión permanente, urgencia miccional, estreñimiento con dificultad para relajar al defecar, o dolor que aparece precisamente después de las sesiones de ejercicios. En ese caso el trabajo es de relajación y de coordinación antes que de fuerza, y no es algo que se resuelva leyendo: es valoración presencial.

Bolas y pesas vaginales

No son el punto de partida. Añaden carga a un gesto que primero hay que saber hacer, y empezar por un peso alto es el error más caro de esta categoría. Si se usan, la progresión va por peso y con criterio, y nunca sustituyen a la contracción voluntaria bien ejecutada. Con dolor, con prolapso o en postparto reciente, no se empieza por aquí.

Cuándo esto pasa a ser consulta

  • Sensación de bulto, peso o de que algo baja en la vagina, sobre todo al final del día o al hacer esfuerzo.
  • Escapes de gases o de heces, o urgencia para defecar que no se puede posponer. Esto se valora siempre y cuanto antes, especialmente si hubo desgarro en el parto.
  • Dolor perineal, con la penetración o al sentarse, que no cede con las semanas.
  • Escapes de orina que no cambian tras tres meses de trabajo bien hecho.
  • Herida que no cierra, supura, huele o duele más cada día.

Ninguna de estas cosas se arregla comprando. Y ningún producto de esta tienda, ni el ejercitador con biofeedback ni las bolas ni nada de lo que está en el catálogo, trata la incontinencia ni el prolapso. Informan, acompañan un entrenamiento y poco más. El tratamiento lo indica un profesional.

Fuentes

  1. National Institute for Health and Care Excellence. NG123, Urinary incontinence and pelvic organ prolapse in women: management. De aquí salen los tres meses, las ocho contracciones y las tres veces al día.
  2. Woodley SJ y cols. Pelvic floor muscle training for preventing and treating urinary and faecal incontinence in antenatal and postnatal women. Cochrane Database of Systematic Reviews.
  3. Dumoulin C, Cacciari LP, Hay-Smith EJC. Pelvic floor muscle training versus no treatment, or inactive control treatments, for urinary incontinence in women. Cochrane Database of Systematic Reviews.
  4. National Institute for Health and Care Excellence. NG194, Postnatal care.
  5. Royal College of Obstetricians and Gynaecologists. Green-top Guideline n.º 29, Third- and Fourth-degree Perineal Tears.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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